Archipiélago barroco. -Notas sobre Neomismos, el fin de un pretexto.-

Cartografía de la Isla de las Tortugas (2017), madera laminada, 155 x 125 x 10 cm.
Todos los ejes narrativos de
un artista se ponen en crisis cuando este decide iniciar un viaje hacia un
nuevo espacio de investigación. Esto ha ocurrido con Carlos Nicanor y su
trabajo Neomismos, un acercamiento a
un lenguaje neobarroco en clave crítica, desarrollado en dos propuestas
expositivas, la anterior Neomismos, el
Barroco como pretexto (primera parte),
y la que aquí presentamos: Neomismos, el fin de un pretexto. Las
piezas relativas a estos espacios neo encierran
una contradicción casi
paradójica
que emana desde el interior de los objetos, y que resisten un peso tan irreal
como contundente.

El recorrido propuesto por el
artista en este “ciclo barroco” ha supuesto
─ahora sí─ la delimitación de una línea clara con
respecto a la
frontera entre el interior y
el afuera de la obra. A través del o lo barroco, como excusa, plantea problemas
visuales que se articulan como un fondo enigmático de instrumentos, unidos por
las claves que albergan en torno a estos Neomismos
unidos como un solo texto. Esta es una característica fundamental de los
objetos irónicos y poéticos de Nicanor, un juego con ese espacio liminar de la
imágenes, tanto desde la fisicidad como desde el aspecto ontológico. Se trata
de la perpetuación y la concreción de un pretexto de uso visual o, si lo
queremos llamar así, de un neo-lenguaje que ha producido un trabajo que aúna la
capacidad de extrañeza visual y la narrativa libre; esto es lo inherente a las
piezas. Neomismos o el fin de un pretexto
es un escenario de ideas, casi una pieza única compuesta de diferentes
movimientos orquestados de forma dialéctica para una escucha simbólica.

Cada vez que nos enfrentamos
a un nuevo trabajo de Carlos Nicanor atravesamos diferentes capas de
incertidumbre, pensamientos sin procesar, significados escondidos bajo la
ambigüedad develados por los destellos de genialidad constructiva que rebrotan
en una polisemia visual, y en una actitud cada vez más libre frente al estilo,
a lo esperado o lo recurrente. El artista se enfrenta, con cada pieza a un
dilema diferente, revistiendo y despojando constantemente de ornato o de marco
─literal y metafórico─ de reclusión, para llegar al lugar donde
empezó todo: el estado previo a lo que de barroco, como periodo artificial,
pueden albergar los episodios Neomismos.

En este periodo de
investigación plástica, lo interesante es la doble refracción de algunos
objetos y la capacidad de seguir recreando una estancia, un espacio colmado de
duplicidades que, conectadas entre sí, van inspirando lo geográfico de la
exposición. Un archipiélago barroco, que no es construido por un maestro
habitual, si no por un libertino. Un libertino barroco es aquel que fabrica
contrapesos de sentido, mediante una deconstrucción escéptica de todo estado
dogmático del ser. Y Nicanor, en esta posición, activa el instrumento de la
duda para producir disociaciones de ideas y encontrar las incongruencias de
cada laberinto encontrado. Neomismos,
tal y como ocurre en el políptico Cartografía
de la isla de las tortugas
, es un mapa incompleto de una orografía inventada
que busca la forma insólita y extraña a través de un dispositivo que trasciende
el formalismo para constituirse en un punto crítico o un estadio de duda. Todo
esto parte de una preocupación conceptual: extraer todas las capas de sentido
de una idea. Es decir, con esta pieza en concreto el artista busca no sólo
alejarse del confort, sino que se esfuerza por hablar desde el antagonismo
formal y conceptual. Es un juego de cartografías que traza un camino y que
funciona más allá del espacio barroco, recupera y libera el relato/isla de la
plástica canaria, y se concentra en cuestionarse qué ocurre en el mar más allá
de lo que alcanza la vista. El mapa de madera es una trampa, incompleta y
cambiante que señala algunos puntos importantes de esta génesis barroca
totalmente fragmentada.

El segundo episodio, si llega
a ser una conclusión en sí misma, se ensambla de forma rotunda al movimiento
sutil iniciado en la primera serie, una vibración casi de cuerda percutada de
un Instrumento insonoro, que provoca
una corriente de ida y vuelta, y que se encamina en definitiva hacia una total
deconstrucción. Las fracciones completan el camino hacia lo neo, las imágenes
se van descomponiendo; retratos, bodegones y naturalezas muertas se reproducen
en sus códigos formales pero a través de espacios constituidos por pedazos de
materia. Retrato de una familia irreal,
es un claro ejemplo de este movimiento dual, la identificación no es necesaria,
lo sugestivo es observar lo que ésta comparte con otras piezas: afrontar su
cometido desde un punto de vista cercano a la utopía, desprendiendo al objeto
de toda identificación natural, esto es, remitir al nombre pero no a la forma
desaparecida. Esta ineludible actitud frente a la idea forma parte de la
poética y la ética de trabajo de Nicanor. Así, el recogimiento en la forma del
marco, presente en algunas de las piezas, se traduce como la manifestación de
una deformación semejante a las biologías distorsionadas para ajustarse a esa
moldura accesoria en relación a la autonomía de lo que encierra.

Detalle de Instrumento insonoro (2017), madera y cuerda.

Montaje de la exposición Neomismos. El fin de un pretexto.

El viaje y la poesía visual
forman parte de este recorrido barroco, en el que Nicanor ha trabajado a una
escala familiar, alejada del conformismo y más apegado a sus propias lógicas
discursivas: las contradicciones de sentido. En cada “objeto imposible
[confluyen] la mayor parte de los ingredientes que sustantivan sus trabajos:
biomorfismo, sentido epidérmico y ese humor austero y elegante que no evita la
causticidad y es capaz de hacer reír a la inteligencia [son estos rasgos los
que], abren su obra a lo social”[1].
El desplazamiento, como significación estética y física, por toda esta serie de
imágenes poéticas, que explicitan una realidad desdoblada y desbordada de
ampulosos marcos, sugiere que toda la tramoya que Neomismos ha ido configurando pesa cada vez más. Pero ocultan de
algún modo esa pesadez tras una superficie ligera y brillante que se deposita
en la retina con un sensualismo inusitado, naturalezas muertas, vanitas y
huevos no se pixelan como los retratos, sino que se transforman en objetos con
una capacidad de mutación y adaptación soberbia. Este deslizamiento
distorsionador es el velo tras el que se escondía la naturaleza de lo vivido en
el primer episodio, ahora: la narrativa es reversible, no oculta sus
mecanismos. El medio de lo real, no es más que una ficción y Carlos Nicanor se
ha impuesto la labor de descubrir qué de natural hay en todas las formas
artificiosas y, sobre todo, pensar el trabajo a partir de las problemáticas que
plantea como artista.

El antagonista I. (2017) metal y vinilo. 129 x 75 x 30 cm

Detalle de Retrato de la Familia iReal (2017) Madera y marco, 170 x 90 x 26 cm.
Bodegón con pimiento. (2017). Pintura y marco. 115 x 54 x 7 cm.

Artista: Carlos Nicanor
Exposición: Neomismos. El fin de un pretexto.
Lugar: Galería de Arte Artizar.                
Fechas: 17 febrero – 1 abril 2017
Fotografías: Galería Artizar.
[1] PINTO,
Carlos. Donde blancas es Blancas y
Nicanor Nicanor
. Catálogo de Osmosis.
Blancas + Nicanor
. Salamanca, 2016. Pág.33
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