Arruga estelar.

“No se puede esperar
sino un resultado fragmentario, tanteos y estudios,
ensayos y esbozos. Un
recorrido circular e inacabado….
Giros alrededor de una
idea como quien circunvala una isla.”
Ángel Padrón.
La última muestra expositiva del artista Ángel Padrón Le Paisaje
(The final show) en el ExConvento de Santo Domingo, se mueve en una dimensión
común a toda su producción. Es inevitable identificarle con una sólida noción
de espacio y todas sus variantes tanto afines como sus propias negaciones donde
los cuerpos celestes y las sombras proyectadas son la negación de la figura
como transfiguración corpórea. Lo que queda de ella son sombras chinescas
dentro del contexto terrenal en precario equilibrio continuamente a punto de
precipitarse en el vacío.
Es un paisaje minimizado que incorpora mecanismos de defensa
contra la acción humana no sólo de un modo cotidiano y social, si no en cuanto
a los usos del arte como herramienta de expresión subversiva que transgrede los
límites de terrenos plásticos como los usos actuales de la pintura, la
fotografía, las instalaciones que poco a poco van perdiendo sus significados
primigenios acomodándose a discursos conceptuales ya manidos. Este artista se
mueve entre estos márgenes conceptuales y plásticos como crítica, haciendo uso
de imágenes-ideas como habitáculos y carreteras limítrofes con curvas, ambos
parecen ser parte de recursos físicos o formales en las obras que actúan como
marco y por tanto como frontera última. Pero de repente encontramos esa curva
de asfalto que se adentra en una oquedad invisible, en un mundo paralelo o
simplemente es una arruga en el  espacio.
El uso de la sombra o de la silueta ennegrecida demuestra
que nuestra percepción visual  es una  herramienta de supervivencia. Los ojos no sólo
muestran aquellos que se nos presenta delante, la información visual se
sintetiza y se analiza rápidamente para identificar todo lo que nos se nos
presenta de manera natural y se oculta tras la maleza de imágenes basura que se
nos presentan día a día. Gracias al uso de esta estrategia de delimitar los
espacios podemos deambular por ellos sin ser atacados por su proximidad.
Este artista contempla pero no habita, no se hospeda en sus
paisajes, les brota para luego abandonarlos. Ejecuta parámetros geográficos que
se convierten en islotes estelares que conforman esos paisajes salpicados de
luces fragmentadas que se retrotraen hacia aquella insularidad que tanto
preocupaba a artistas como Juan José Gil, cuya noción de isla se vivía
generacionalmente como un cerramiento asfixiante. Ángel Padrón se pregunta a sí
mismo dónde acaba una imagen-paisaje y dónde comienza otra, no necesita
exteriorizar la noción de isleño, de modo que La Isla a veces solar abandonado,
a veces sombras nocturna es una arruga estelar en el mundo perceptivo global y
abierto.
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