El concepto escéptico del mundo


“El viento de lo absoluto en las velas del concepto”
Walter Benjamin

La
exposición colectiva del Ex-convento de Santo Domingo de La Laguna desarrollada
bajo el apelativo “El concepto material”, es una muestra de artistas plásticos
emergentes que integran parte del panorama regional y que se identifican con
las enseñanzas emanadas de la institución universitaria que aboga por la
experimentación, la investigación y el contacto con la reflexión teórica y
crítica por parte del artista. Desde la Facultad de Bellas Artes se apuesta por
una impregnación ocular del lenguaje como concepto y una ruptura entre el
objeto y la idea, no son obra físicas, niegan la materia y se convierten
disquisiciones estéticas y filosóficas. Donde el proceso creativo y no la obra
final es el paradigma de la creatividad artística.
Adoptar
una actitud conceptual frente a la creación y expresión de un hervidero de
elementos no es nada fácil en ésta, la era de la comunicación. A decir verdad,
este grupo de artistas, magníficamente tutelados por el creador Ernesto
Valcárcel Manescau, enarbolan en una expresión colectiva un punto de partida,
un origen fundamental en el uso de lo matérico como vía para expresar la noción
de la idea, baluarte fuerte y parasitario que como dogma está harto utilizado
pero como elección es tremendamente atractivo en manos de creadores jóvenes que
exteriorizan desde sus filias y  fobias a
sus excentricidades, sus entusiasmos por el hecho artístico o el universal
análisis del arte sobre el sujeto. Pues, como se sabe,  lo matérico adolece de cierta finitud mientras
que la idea o el discurso siempre permanece.


Así,
el espacio expositivo se convierte en El Mundo. El mundo analizado como
invención humana que se exterioriza a través de la comunicación y  donde cada artista se expresa mediante las
herramientas de la misma. Es el instrumento social por excelencia que confiere
humanidad a la carne, pues es el lenguaje los que nos constituye. En torno es
esto Paul Valéry expresaba con claridad que “todo lo que puede decirse es
nada…., la realidad es completamente incomunicable” en su extensión real.
Para
Valéry, el mundo y los aparatos creados por el hombre para la comunicación rezuman
ciertamente voluntad de transmitir un mensaje, pero “en realidad” no dicen
nada. O mejor dicho, expresan paradojas -hablan sin decir nada-. Aunque así lo
aparente, nuestro mundo mediático no está orientado en última instancia a la
información; es apariencia y  una nada
sonora, un artefacto ruidoso completamente absurdo. La comunicación en la
actualidad produce aislamiento entre sujetos físicos y potencia la interacción
virtual. Y es que “ésta no informa sobre el mundo sino que lo separa y deforma…
la comunicación diferencia, porque el mundo no es información, es sólo aquello
que soporta la sección o corte que la comunicación produce. Así el mundo se
ofrece siempre y únicamente como una paradoja. La realización de la
comunicación lesiona su unidad, de manera implícita, afirma su unidad
lesionándola, y la niega reconstruyéndola”. Por tanto siempre se ha tenido una
visión con conocimiento de la realidad sesgada, nunca absoluta y siempre escéptica.

En
este sentido es la producción conceptual dentro de arte la que quiere dotar de
sentido y significados el mundo que nos rodea y el universo interior del sujeto.
La historia del arte está marcada por la gran paradoja que cuestiona al sujeto
en relación a su naturaleza. En el fondo lo que se expresa es la obligación del
artista de callar las respuestas limitadas, de las que es portador y que niegan
la existencia, las obras se erigen como “objetos lingüísticos de emergencia”.
No se puede subestimar la importancia de estos puntos de vista en torno al
lenguaje, utilizados de una manera excelente por estos diez artistas que
enmudecen sus conocimientos reales del mundo que nos rodea, apostando por una
estética basada en la idea de que todo proceso creativo lleva, en última
instancia al análisis de la dramática situación del hombre-sujeto.
La
exposición se lee como un intento de despachar todo proceso de comunicación
imaginable y quedarse con el hecho filosófico: porque puede Ser el Arte,
simplemente.
Si
tenemos presente el interrogante ¿qué es Arte? Y ¿qué es comunicación?  Encontramos que es una actualización de la
presencia corpórea –material-, una libertad creativa encadenada hasta la
excentricidad que muestra las discrepancias entre comunicación y realidad,
aquello que era evidente a ojos del mundo no es en absoluto el mensaje sino el
viento que aviva la impresión de él.
Parece
inevitable la conclusión de que el pensamiento escéptico está en relación
evidente con el carácter matérico de las obras expuestas, nada se cree a pies
juntillas, nada se expones como verdad universal, porque el mundo es como las
obras de estos artistas, plena experimentación en formas materiales exuberantes
y degradables, encuadradas bajo el umbral de la rotura del yo y del objeto
demonizado como obra de arte. Entre los diez participantes sería injusto
quedarse con unos pocos de ellos, lo importante de la muestra seleccionada es
la sensación con la que se queda el espectador después de ver laberintos,
habitáculos, amasijos de metal parpadeante, imágenes en viejos televisores,
cuerpos invisibles que desgarran esculturalmente el papel u hombres en caída
continuada, abandona la sala con el espíritu más complejo.
Hasta
el 31 de agosto se podrá visitar la sala con las obras de: Berna Acosta, Íñigo
Aizpurua, Fran Cabello, Agustina Cozzani, Milagrosa García, Alejandro Gopar,
Óscar Hernández, Madeleine Lohrum, Margarita Rojas y Francisco Torres.

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