El crepúsculo multi-referencial.

La recientemente inaugurada
exposición en
la Sala
de Arte Contemporáneo de Santa Cruz de Tenerife del artista tinerfeño Vicente
López,
Fallen Idols, supone la
perpetuación de una pintura que se lleva gestando desde los años noventa. Una
obra que emerge de la observación y de la investigación de múltiples
referencias encontradas cual tesoros en el imaginario social actual.

De temáticas actuales y
cotidianas, la obra de este artista se mueve esencialmente bajo aspectos o
superficies surrealistas y pop. En la actualidad artistas y críticos realizan
denodados esfuerzos por encontrar un sentido a la razón de ser del arte, un
marco conceptual que explique o justifique todos los aspectos de la creación.
Pero en ocasiones esta tarea titánica no tiene sentido, pues el arte también
sirve para crear analogías que enseñen desde aspectos placenteros de la vida,
hasta la figura misma del hombre en la sociedad. A través de estas analogías
López crea un vínculo indisoluble con el espectador que cree entender en ellas
contenidos que consideraba propios.

Así, la muestra ni oculta ni
desvela,  sino relata en torno a un
discurso continuado y asequible fácilmente como el lenguaje ardoroso de la
publicidad. Es el reflejo de lo que para este artista es la sociedad en declive
del consumo masivo y vacuo, de las modas, de la tecnología y de la cultura.
Este discurso está mostrado visualmente a través de la figura humana
desnaturalizada, es decir, sacada de su contexto y recortada. Si consideramos
que los hombres son como decía Lizano en su poemario mamíferos y no los seres
fragmentadas y recompuestos en forma de híbridos visuales que representa el
artista, podríamos afirmar que Vicente López escenifica a esos mamíferos
desnaturalizados y desmembrados de los que habla el poeta. Para él, el hombre
ya no es hombre en cuanto a noción biológica y material, es analogía de lo que
ve y compra, está alejado de su categoría esencialmente animal para convertirse
sólo en referencia de sí mismo.

The Fallen Idol II. 2011
Para conseguir este tono
efectista y casi mesiánico, el creador genera imágenes contaminadas de
iconicidad. No se trata de un mensaje positivo -ni tan siquiera de un mensaje-,
como bien dice Clara Muñoz en el catálogo editado con motivo de la exposición,
“evidencia el grado de degeneración de un mundo que ha perdido definitivamente
la decencia”, ha perdido el misticismo inherente al descubrimiento, porque ya
todo está hecho y visto. Ese misticismo que a nivel visual podríamos entroncar
con Velázquez se ve forzado mediante analogías, pues la sangre de Cristo ya no
es mística, se ha reconvertido en una fuente de energía material, en puro
petróleo como motor del movimiento del mundo, entendida como una nueva
religiosidad.

Es interesante adentrarse en
ese mundo de analogías que establece este artista, muy en sintonía con
creadores contemporáneos como Dino Valls, cuyo tratamiento pictórico, de gran
destreza técnica, bebe de la tradición histórico-artística, lo que hace
destacar el concepto de la obra de una manera más llamativa y bella. Valls
queda imbuido en la estética gótica y proto- renacentista para hablar del Hoy a
través del ensamblaje de elementos diversos entre sí tanto estética como
históricamente. La analogía formal de la obra de Vicente López se encuentra en
la diferencia de perspectivas barrocas, renacentistas, cinematográficas,
publicitarias y de puntos de vista religiosos, jazzísticos y proféticos, de
recortes de referencias visuales y sociales.

Noos IV. 2011
Las imágenes gozan de una
literalidad inusitada, pues no esconde su sentido, lo expone directamente de
forma descarnada e incluso erotizada. Las obras siempre establecen una relación
con el observador de igualdad, es decir la obra mira y es mirada, a la manera
de obras-ojo que aglutinan el imaginario actual, como amalgama de iconos
mercantiles, religiosos y culturales, ninguno completo, todos fragmentados y en
plena caída. 
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