La silla ahogada

 La interrupción, la incoherencia, la sorpresa.
Son las condiciones habituales de nuestra vida…
la mente se sólo se alimenta de cambios súbitos y
de estímulos permanentemente renovados….Ya no toleramos nada que dure, ya no
sabemos. Cómo hacer para que el aburrimiento dé fruto.
Paul Valèry


La exposición de
la Artista Noelia Villena en el Área 60, espacio del TEA destinado a la
promoción de artistas emergentes y que cada año comisaria un creador
diferente,  es una intervención doble,
primero construye un paisaje y luego usa esta “materia prima” para elaborar  objetos escultóricos.


El área 60 a
cargo del artista Arístides Santana es una propuesta sobre el espacio
museístico y su transformación por medio de las obras de arte.


La muestra
“Packaging” muestra el desencanto, el descreimiento del proceso productivo de
la obra de arte, tanto desde el punto de vista de las materia primas como el
proceso de fabricación del objeto artístico. Para Villena se termina perdiendo
significado en este proceso, pues las pieles que las envuelven son, en la
actualidad, conceptos ya caducos y poco innovadores.


La forma de instalación
ve desaparecer la simbiosis entre obra y entorno. El espacio del museo también
se transforma y pierde su pretendida neutralidad, no es un recinto ajeno a la
obra. La intervención de la artista se resume de una manera inteligente en dos
parámetros mensurables, un video –con una duración determinada- y el resultado
de su actividad grabada, los propios objetos artísticos –con unas dimensiones
determinadas-.


La artista
establece un cambio de posición entre obra y  materia, así como entre espacio y espectador.
De una parte está el material en un continuo flujo de transformación y por
otro, muy alejado, está el concepto de la obra o sustancia de la que está hecho
el arte. Estos dos parámetros los enfrente en una lucha ahogada en un bosque de
cinta adhesiva. Donde los significados quedan atrapados en un mar de resina que
supura la materia prima.


“Packaging” es
un juego, por una parte se construye un espectáculo, un paraíso artificial,
para luego destruir toda su tramoya y envolver con  ella objetos cotidianos. La sala de
exposición es instalación y video que hablan de la imagen decosntruida del mito
de la obra como algo material.


Casi es más
placentero ver a la artista destruir lo construido, por es esa  atracción por lo nocivo. El placer de ver caer
los objetos, ser testigo del cambio súbito de su estructura, siendo “…más
sobrecogedor…el deseo de saborear, aunque sea por un momento, el éxtasis de
elegir.”


Noelia Villena envuelve
con cinta adhesiva objetos que eran naturaleza y Ser en sí mismos para pasar a
ser contenido momificado envuelto y amortajado. Cubre de sentidos inermes,
débiles  y artificiales estas esculturas
improvisadas, pues ella es consiente de la noción de estar rodeado de límites.


Las obras de
arte están relacionadas con límites como lo original, lo bello o el prestigio
social, que anulan lo sagrado de su exhibición genuina y su relación con el
espacio museístico, cuyas paredes de forma pasiva sostienen fuentes de
contenido destinados a aportar fruición.
La creadora requiere
más participación por parte del público. Ofrece casi un espectáculo, pues su
modo de exhibición establece una incongruencia con el museo, hace de su instalación
una obra intrascendente en apariencia y como Aracne teje una trama de
significados y preguntas; como ¿qué es más obra?



El paisaje que recrea se valora desde el punto de vista del viaje, un horizonte que se observa desde la rapidez del medio de transporte, mediante una percepción temporal. Desde la realidad de la obra hasta la abstracción del concepto que expresa Noelia Villena, posiciona al sujeto-espectador ante el objeto artístico y su contexto. Ella reflexiona sobre su relación con el medio constructivo de la obra y se pregunta cuál es el fin de una obra tanto para el artista como para la sociedad.

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