Laura Gherardi y el cambio: Happy hours

Hasta el 27 de junio se puede visitar, casi de forma
obligada  y sin arrepentimiento
asegurado, la exposición individual de la artista Laura Gherardi Happy hours en la sala de arte de
Esculturas Bronzo en La Laguna.
Acercarse a esta creadora es como atravesar unas puertas,
las de su casa. La sabiduría de lo elemental se trasluce en su forma de hablar
y en su obra. La simpleza de la vida y la complicación del hombre, de la
sociedad, de los sistemas de comportamiento y de lo que se espera de cada uno
de nosotros, es la confrontación continua que se produce en su persona y en sus
reductos plásticos como elementos de luz que asir en caso de necesidad, en caso
de vivir en el continuo dejarse llevar del pensamiento mecánico del día a día.
La artista está en continuo movimiento, se sobreviene a sí
misma en un devenir perpetuo en el  que
el fuego es elemental como cambio y resurgimiento no en la vida sino sobre
ella. Happy hours es un manifiesto acerca
de lo cambiante de la existencia, del tropiezo, de la necesidad de romper con
lo establecido para desde el suelo y la tierra volver a hacer acopio de fuerzas
de crecimiento con nuevas articulaciones que de forma arborescente se conectan
mediante sus raíces con lo anterior. Esto es hablar de poder y política, quizá
sin pensarlo o por contra haciéndolo de forma deliberada, porque es una forma
de resistencia con una apuesta personal totalmente subjetiva que no responde ni
a posturas políticas, ni a gremios. Una revolución desde dentro de lo
minoritario cuya multiplicidad es la multitud que cuestiona y repara fracturas
en la sociedad, ese es el modo de resistencia ideal, un modelo de
interconexiones de subjetividades en cuyos puntos de unión surgen chispas de
elocuencia y avance resistiendo la sobrecodificación de lo que está más allá
del contagio por relación de vecindad.
Laura Gherardi como artista apuesta por ese contagio
relacional con la conciencia absoluta de que el paso necesario de una sensación
virtual a una potencia real y matérica es mantenernos en proximidad. Porque lo
único seguro es la muerte –universal y absoluta- y la esencia real es alejarse
de esa virtualidad imperante y partir de lo singular de las relaciones
personales encarnadas en la plaza, la tertulia, la naturaleza, etc., retomar lo
interrumpido, de ahí la destrucción como esencia de movimiento, tiempo y
pulsión.
Destrucción aquí no tiene un sentido de asolamiento y pérdida sino de remover la tierra con el fin de a partir de la negritud del carbón reformular la carne, la piel y el recuerdo mediante paradojas. En la sala de Arte de Escultura BronzoHappy hours tiene un valor esencial, el valor de pausa que siempre emana esta artista y que reformula cómo posicionarse frente a esas espesuras de lanas que esconden y dejan ver el vuelo de una libélula salvada de la quema y los homúnculos de gruesa tela sabedores de su crecimiento y de su devenir en individuos/nido. Subir las escaleras de esta sala de arte  y entrever lentamente una piel rosácea colgada de suntuosas formas animales como trofeo curtido es el principio de la transformación, el comienzo de ese nuevo ser negro, un poco difuso pero que se interroga a sí mismo y que reclama un cambio bajo una nueva piel alejado de todo movimiento automático.

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