“La erosión de las
otredades es antigua, y parece que esta historia sí ha llegado a su fin”.
otredades es antigua, y parece que esta historia sí ha llegado a su fin”.
Territorios del terror y la otredad .Roger Bartra.
Con un rumor nos acercamos a la
propuesta expositiva Clamor en el
espacio del Área 60 del TEA, gestionado por el artista y comisario Arístides
Santana, y encontramos la nueva propuesta de su proyecto de exposiciones Hexaedro, de la mano de los artistas Israel
Pérez y María Requena. Con el rumor de nuestros pasos apagamos, un ruido vago y
confuso diametralmente opuesto a la propuesta artística vehemente y lastimosa, como la única manera de
acercarnos sin rompernos.
propuesta expositiva Clamor en el
espacio del Área 60 del TEA, gestionado por el artista y comisario Arístides
Santana, y encontramos la nueva propuesta de su proyecto de exposiciones Hexaedro, de la mano de los artistas Israel
Pérez y María Requena. Con el rumor de nuestros pasos apagamos, un ruido vago y
confuso diametralmente opuesto a la propuesta artística vehemente y lastimosa, como la única manera de
acercarnos sin rompernos.
La limpieza geométrica de la
pequeña sala que limita con el resto de las salas mayores del museo, contrasta
de manera sorpresiva con la única estructura de la que es objeto la muestra de
estos dos artistas. Una gran caja de madera, desnuda y sencilla en su forma,
atrae al espectador que con ganas renovadas siente la tentación de asomarse a
ese contenedor que desde la lejanía se percibe como una bandera que no está
izada, sino polvorienta. Una nave a la deriva en la sala desnuda.
pequeña sala que limita con el resto de las salas mayores del museo, contrasta
de manera sorpresiva con la única estructura de la que es objeto la muestra de
estos dos artistas. Una gran caja de madera, desnuda y sencilla en su forma,
atrae al espectador que con ganas renovadas siente la tentación de asomarse a
ese contenedor que desde la lejanía se percibe como una bandera que no está
izada, sino polvorienta. Una nave a la deriva en la sala desnuda.
El espectador puede tomar dos
caminos, el de alejarse y percibir la instalación como una rareza de esas
posmodernas, o por otro lado, asirse a la caja/barco y asistir al espectáculo
silencioso que supone Clamor. Pura fragmentación ennegrecida que atenaza y
atrapa.
Resulta evidente en este montaje,
que algo ha dejado de existir como auténtico y verdadero; la erosión aquí se
torna antigua, como un antiguo terror que ha desgastado ya todos los mecanismos de defensa. Ahora sólo
queda avivar la alteridad como forma de supervivencia casi camaleónica.
que algo ha dejado de existir como auténtico y verdadero; la erosión aquí se
torna antigua, como un antiguo terror que ha desgastado ya todos los mecanismos de defensa. Ahora sólo
queda avivar la alteridad como forma de supervivencia casi camaleónica.
La obra de estos dos artistas adquiere
unas formas y dimensiones novedosas, apariencias inquietantes y complejas que
amenazan la estabilidad del observador que las acoge, las digiere y las
refuncionaliza. Recomponer este conglomerado de piezas no es suficiente para
comprender lo alarmante de los poderes y terrores. De este modo Clamor se muestran como supervivencia
cultural caída en una fosa común.
unas formas y dimensiones novedosas, apariencias inquietantes y complejas que
amenazan la estabilidad del observador que las acoge, las digiere y las
refuncionaliza. Recomponer este conglomerado de piezas no es suficiente para
comprender lo alarmante de los poderes y terrores. De este modo Clamor se muestran como supervivencia
cultural caída en una fosa común.

aglutinante que da carácter y fuerza al conjunto de piezas de negrura y
realismo extremo: la noción de poder, de poderes políticos, militarizantes o
ideológicos que conecta a estas piezas heterogéneas; un rompecabezas cuya
imagen formada repugna, y sólo en su fragmentación adorniana podemos
refugiarnos. Incinerar el cuerpo del delito es la lluvia metafórica que es
capaz de ablandar estas formas y la acción de enterrar las cenizas aleja la
perversión de las imágenes con la intención de borrar de la memoria el incómodo
espectáculo en forma de pétreos desperdicios.
Estas formas, ahora aparentemente
benévolas, se mezclan con el fanatismo que las vio desarrollarse, unas veces
imaginario, y otras reales y amenazadoras. Supone esto una confrontación real -en cuanto objeto-
e imaginaria –en cuanto concepto-. Como diría Bartra, ha aumentado en la
actualidad la necesidad de buscar e inventar nuevo enemigos.
benévolas, se mezclan con el fanatismo que las vio desarrollarse, unas veces
imaginario, y otras reales y amenazadoras. Supone esto una confrontación real -en cuanto objeto-
e imaginaria –en cuanto concepto-. Como diría Bartra, ha aumentado en la
actualidad la necesidad de buscar e inventar nuevo enemigos.